Apuntes que surgen del curso

Archivo para agosto, 2012

Paralímpicos Londres 2012

Live streaming para los juegos paralímpicos, emocionante!
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http://paralympic.org/

Sobre pregunta/intervención de Hombre-Mujer como procreadores, satisfacción anal y otras…

Sobre pregunta/intervención de Hombre-Mujer como procreadores, satisfacción anal y otras…

Retomo la pregunta/intervención que hice en clase:

Asumamos (para los que no compartan) que las teorías y análisis de los textos y clase son verdaderos. Nuestra identidad de género y sexualidad es determinada socialmente y no tiene que ver con la condición biológica.

Aclaro de antemano que no me cuestiono sobre las posibilidades de satisfacción sexual y sus múltiples relaciones que se pueden dar. A saber desde mi experiencia heterosexual y social: Pene-vagina, Pene-ano, Pene-boca, vagina-vagina, Boca-Vagina, y bueno… desde los dedos hasta cualquier objeto. Desconozco de todos, y creo que mas allá de eso solo se me ocurren parafilias.

El desarrollo de las ideas de clase son interesantes, nos otorga un poder expresado en conocimiento, el cual muchos utilizarán en tertulias, charla de cigarrillo y cafe (El placer de sonar inteligente frente a otros). No obstante, al pensar en esto, surge la única crítica que CREO es complicada de debatir. Mi padre, mis abuelos, y seguramente la media Colombiana nos diría que El HOMBRE Y LA MUJER (Su relación) ES LO NATURAL, pues biológicamente son los que tienen la capacidad de crear vida mediante ese proceso de penetración vagina.

No importa si nuestras características biológicas están determinadas por la evolución, Dios o el azar. El hecho es que parece ser que esa deidad o casualidad hizo que la única forma de traer niños al mundo sea mediante hombre-mujer y no hombre-hombre o mujer-mujer. Es a partir de esto que me cuestiono sobre la creación del género y la sexualidad. Específicamente me cuestiono la obligatoriedad de la heterosexualidad, pues si bien históricamente en algunas culturas ha sido obligatoria, biológicamente también lo sería.

Se que esto no da pie para decirle a una persona homosexual que no puede serlo, pero como dice mi conservadora abuela ¡SI TODOS FUERAN GAYS LA SOCIEDAD SE ACABARÍA!

Se que ella desconoce de avances científicos. Ya podemos hacer bebes en cubetas… Aún así no es suficiente razón para mi abuela.

Con todo lo anterior me gustaría la opinión y si es posible alguna teoría para entender si ¿Realmente no esta relacionada la condición biológica con la creación de la sexualidad? Puede que las conductas aceptadas sobre lo que es hombre y mujer (como gustos de color, ropa, etc) sea algo construido, pero aún me pregunto por la sexualidad teniendo en cuenta que biológicamente no parece haber otra forma natural de tener hijos. ¿No estamos creados biológicamente para tener relaciones sexuales heterosexualmente?

Andrés Felipe Méndez. | Director de Colegios | TECHO – Colombia

Proyecto de arte interesante que va con nuestras lecturas de menstruación.

http://www.esferapublica.org/intervenir/2012/08/14/la-mujer-de-rojo/

Entrevista en el sofá, canal capital sobre parejas del mismo género

http://www.canalcapital.gov.co/el-sofa/8042-union-marital-entre-parejas-del-mismo-sexo

De un estudiante:

“”Encontré una página muy interesante para nosotros, quizás la podrías colgar en Sicua para todo el curso, porque yo intenté y no pude:”

http://www.rostrosdemujer.org/index_contenido.php
“Rostros de Mujer es un sitio web que contiene una ludoteca dinámica y especializada, donde tienes la oportunidad de divertirte con juegos interactivos, y a la vez podrás conocer y analizar los estereotipos de mujer en los medios de comunicación”.

Buen artículo criticando educación virtual

http://chronicle.com/article/article-content/133551/

Mi culo y el Derecho, por Matías González Gil

Al leer el primer subtitulo del texto SEXO EN PÚBLICO de Lauren Berland y Michael Warner “no hay nada más público que lo privado” recordé la primera vez que una persona me introdujo un dedo en mi ano para masajear mi próstata, mientras nos masturbábamos. Mientras sentía placer en ese espacio que consideraba tan privado, las ideas de lo que me habían enseñado como lo “normal” invadían mi mente. No dejaba de pensar en lo raro que me sentía, no porque no me gustara, sino porque esta actividad tan deliciosa no fue lo que me mostró Miryam en la clase de sexualidad en el Colegio Granadino de la pacata y conservadora ciudad manizaleña ¿Cómo una idea tan pública sobre lo que significaba el sexo “normal” en nuestra cultura podía incomodarme y perturbarme en semejante éxtasis que estaba sintiendo? ¿Por qué esa frase que utilizó la persona que me tenía el dedo en el ano para convencerme de que tuviéramos sexo: “el sexo tiene que ser sin mente” me parecía cada vez más absurda?

Dependiendo del lector, para este momento debe estar vomitando, curioso, sorprendido o en su defecto masturbándose con una mano y con la otra ocupada en su ano. Ahora bien, este debate pre-orgásmico que acabo de hacer público no sólo busca incomodarlo, también pretende cuestionar hasta qué punto el sexo es un término tan neutral e imparcial como es utilizado a diario en nuestras conversaciones y en el lenguaje jurídico. Cómo no sólo desde nuestra cotidianidad, sino desde el derecho el término sexo es utilizado de forma neutral como si no estuviera completamente filtrado por dinámicas de poder y de concepciones culturales. Es esta la finalidad de contarle que me metieron el dedo, que lo disfruté y que el binario que busca diferenciar radicalmente entre el placer y el dolor ni es la última palabra, ni es una ley que gobierna mi cuerpo. Como lector puede preguntarse si la descripción de la escena es estrictamente necesaria para hacerle entender mi punto, pero el surgimiento de esta pregunta me ayuda a probar que pensamos que el sexo no merece una discusión pública y explícita.

Como sociedad pensamos que el sexo está en el ámbito privado pero al mismo tiempo todos los días juzgamos y somos juzgados por presunciones de genitalidad, género y sexualidad. Si queremos mear o cagar –ninguna de estas actividades puede considerarse exclusiva de un sexo en particular- tenemos que elegir entre el baño de niñas o niños, en las casas la habitación de los padres tiene cama doble, mientras que la de los niños es individual, cerca a las universidades es difícil encontrar saunas (lugares con jacuzzis, compartimentos privados, saunas, jacuzzis y zonas húmedas utilizadas para que personas con pene busquen placer con otras personas con pene), entre otras divisiones geográficas que, de forma paradójica, gritan sexo y al mismo tiempo se convierten en un lugar para censurarlo, en un mecanismo para hacernos creer que el sexo es un tema meramente privado. Y es que todas estas situaciones están legitimadas desde el derecho. Leyes, Sentencias, Decretos, Políticas Públicas, entre otras formas legales hacen distinciones de sexo sin fundamentar teóricamente dicha diferenciación, sin problematizar el concepto y asumiendo que tiene un único significado en nuestra sociedad y en la academia.

No obstante, esta falta de problematización del concepto sexo es un mecanismo político que tiene como estrategia favorecer y legitimar una cultura concreta: la cultura heterosexual (heteronormatividad).  Ojo, es importante tener en cuenta que heterosexualidad es diferente a heteronormatividad. Por cultura heterosexual o heteronormatividad me refiero al grupo de normas sociales, culturales y jurídicas que otorgan beneficios a las situaciones de hecho de las que se presume una intimidad normal (entiéndase como aquellas relaciones humanas de las que se presume un sexo reproductivo y penetrativo que incluye pene y vagina, un hombre machito trabajador-que jamás se dejaría tocar el ano-  y una mujer sumisa cuasi-virgen). Es decir, que no es tanto la persona que se denomina heterosexual desde las ciencias biológicas y la cultura,  sino la religiosidad, ficción y presunción que la cultura de la heterosexualidad genera.

La heteronormatividad crea un mito deseable de pareja conformada por un hombre y una mujer con roles específicos en la sociedad y posiciona una idea de sexo normal vinculado a la reproducción o, al menos, a la penetración del pene en la vagina.Dicho mito de la normalidad genera -mediante una serie compleja de prácticas de exclusión, beneficios y sanciones- ciertos referentes culturales de sujetos normales y anormales. Esta construcción cultural de la heterosexualidad permea el ordenamiento jurídico y a los operadores jurídicos, por no decir que es una fuente importante del derecho ya que la conformación del núcleo familiar normal representa un deber ser social y político de dicha cultura.

LA CORTE CONSTITUCIONAL Y EL CULO DE LAS (LOS) TRAVESTIS

Un ejemplo de las negativas implicaciones de la utilización irresponsable de las categorías sexuales puede ser evidenciado en la forma en la que la Corte Constitucional ha utilizado como categoría jurídica el sexo. Digo que es una categoría jurídica porque es utilizada para identificar poblaciones, focalizar recursos y medidas de discriminación positiva. La Corte ha utilizado la orientación sexual en diversas ocasiones y la ha acomodado a su arbitrio de acuerdo a sus intereses políticos del momento. En Sentencia T-152/07 se estudia el caso de Magaly, una persona que supuestamente es desvinculada de su trabajo por su identidad de género de mujer transgenerista. La  Corte no dedica ningún aparte de su sentencia a la identidad de género de persona transgenerista y sólo dedica un aparte a un criterio de no discriminación que no se desprende de los hechos del caso: “La orientación sexual como criterio de discriminación”. La Corte presume que Magaly es homosexual o bisexual en una presunción de intimidad anormal.    Confunde las clasificaciones de orientación sexual e identidad de género y, por supuesto, utiliza la palabra sexo en repetidas ocasiones sin nunca definirla o contextualizarla.

No obstante, en la reciente Sentencia C-577 del 2011 sobre matrimonio igualitario la Corte es sumamente cuidadosa al diferenciar entre la identidad de género y la orientación sexual con un objetivo discriminatorio y excluyente claro: no hacer extensivos los efectos de su sentencia a las personas transexuales (además, invisibilizando e ignorando por completo a los y las travestis). En este reciente desastre, la Corte además de tomar la doctrina de Cantinflas y la Señorta Antioquia – es decir, hablar mucho, enredado y poético para no decir nada claro al final- la Corte dedica un aparte exclusivamente a la diferenciación de dos personajes el homosexual y el transexual (Apartado 3.1). Si, no es un chiste de mal gusto. La Corte utiliza el lenguaje para referirse a las personas transexuales y a los homosexuales como a un personaje o una especie de Frankenstein, objeto y no sujeto de estudio.

Esta vez, dado que no le convenía políticamente, explica sin ser muy directa, porque esta sentencia no le aplicaría a el transexual, no solamente por ser un personaje diferente, sino porque la Corte no sabe a qué sexo pertenece el transexual: En este sentido se ha considerado que los transexuales, como personas que se han sometido a una operación de cambio de sexo, “son una categoría relativamente reciente, pues hasta hace poco no existía el necesario conocimiento médico quirúrgico”, luego la cuestión de si pueden contraer matrimonio “es también relativamente reciente”, no tratándose aquí “de matrimonio entre personas del mismo sexo, sino “más bien, de decidir, qué sexo tiene el transexual a efectos de ejercer su derecho al matrimonio” o, en otros términos, de determinar “si el ordenamiento jurídico debe reconocer el cambio morfológico de sexo y, por consiguiente, permitir que el transexual se case con persona de sexo distinto del que ahora tiene, pero idéntico del que tenía antes de operarse”.

Tangencialmente, la Corte establece que sólo se pronunciará respecto de las parejas de homosexuales y, sin ningún fundamento jurídico o teórico, hace una diferencia basada en el sexo. Esta vez la posición de la Corte es aún más cínica y cruel que en el caso de Magaly porque establece que el caso de las personas trans es diferente al de las personas del mismo sexo porque plantea un problema jurídico adicional acerca del sexo al cual pertenece. No obstante, si la Corte nunca define que entiende por sexo resulta carente de sentido utilizar dicha categoría como un criterio de diferenciación. Es decir, no se puede decir que una persona no está definida como una categoría cuando ésta nunca ha sido definida. 

 

Cuando el lenguaje jurídico institucional utiliza indiscriminadamente la palabra sexo, o aún más grave, cuando la utiliza como criterio de diferenciación para otorgar o no ciertos derechos, sin contextualizarla o definirla, lo que realmente hace es otorgar el sentido que la cultura heterosexual le imprime, la suposición de una intimidad normal. La suposicion de que la diferenciación por sexos es necesaria, que sólo existen dos: pene-masculino y vagina-femenino, que los seres humanos fragmentamos el cuerpo ajeno y sólo nos gustan los penes y/o las vaginas de las personas. Las intimidades atípicas, en donde podemos ubicar todas aquellas relaciones que dan placer a sus participantes pero que no necesariamente incluyen penetración, pene y vagina, son subvaloradas, invisibilizadas y castigadas con el tabú y el anonimato. En esta categoría podemos incluir aquellas personas que se autodefinen como heterosexuales que disfrutan lamer pies, hombres que disfrutan ser penetrados con dildos por sus esposas o amantes, parejas swingers, personas que se masturban por cámaras web, sadomasoquistas, entre otros gustos anormales o fuera de la norma heterosexista.

La Corte ha dicho que la orientación sexual hace parte del ámbito privado de los ciudadanos y es deseable que el derecho no interfiera en la esfera privada de sus ciudadanos en un Estado Social de Derecho, pero también es cierto que diciendo esto relega el sexo a una noción de lo privado. Con esto la Corte evita una discusión jurídica, social, cultural y pública acerca del sexo como construcción científica, biológica, social y cultural presentándola como una categoría pre-social, pre-jurídica y casi que previa al lenguaje.

No estoy diciendo que la Corte deba definir que es sexo o que no deba definirlo, mi crítica va dirigida a la forma en la que utiliza un concepto tan complejo pretendiendo que es un concepto simple y neutral. Lo repite indiscriminadamente sin explicar como la esta interpretando cometiendo una grave falta a la imparcialidad, transparencia y a la obligatoriedad de fundamentar las decisiones. Si lo que pretende la Corte es asumir que el sexo es subjetivo y casi que una creación individual, por un lado, no tendría sustento ni legitimidad política la regulación del matrimonio, las uniones maritales de hecho, etc; pero también estaría olvidando que lo que se entiende por sexo hoy no es lo mismo que se entendía hace 50 años y que la relevancia de las conductas sexuales en las personas no eran relevantes en los discursos públicos sino hasta los siglos XVIII y XIX, como lo plantea Foucault.

El sexo no es tan privado y subjetivo como pensamos y un masaje de próstata no es sólo un acto delicioso sino un hecho social que puede ser estudiado y debe ser tenido en cuenta por el derecho como tal. No quiero concluir este texto, sino dejarlo abierto. Quiero dejar en su cabeza la inquietud acerca de la forma en la que el derecho afecta la libertad sobre nuestros cuerpos y sus implicaciones. Además, me quedan otras inquietudes: ¿Este ejercicio de la Corte Constitucional es realizado de forma voluntaria o sólo es el reflejo de una práctica cultural que funciona casi que por inercia? ¿Sienten los operadores jurídicos tanta vergüenza al referirse al sexo que prefieren omitir entrar en detalles? ¿Cómo afecta el concepto de normalidad heterosexual nuestros actos sexuales? O mejor, ¿Cómo afectan las presunciones de nuestros actos sexuales atípicos nuestros derechos, nuestras expectativas sociales y nuestros proyectos de vida? ¿Hemos incluido en nuestras luchas sociales teniendo el placer y el sexo como ejes importantes en nuestras agendas políticas?

 

Por Matías González Gil
  (estudiante 2011 de SCS)

http://www.twitter.com/matiasgon

 

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