Apuntes que surgen del curso

1 marzo 2012

Sebastián Andrés Cotes Lacouture

¡¿Racismo inverso, de qué hablan?!

Por más sorprendente que parezca, si es cierto: hay quienes han empezado a utilizar las palabras racismo e inverso, como un término para explicar como a los estadounidenses blancos les han empezado –de cierta forma– a disminuir los beneficios que obtenían por parte del Estado. El término es, reverse racism (racismo inverso).

Adjunto a este escrito, encontrarán una traducción del artículo de donde pude aprender que hay ciertas sociedades en Estados Unidos, que han intentado incluir esta nueva descripción dentro de la terminología lógica y apropiada para usar en el ámbito socio-político. Me apoyo del mencionado artículo porque concuerdo en cuanto a que es indispensable comenzar a ilustrar semejante atrocidad, mediante la definición de ciertas palabras clave: racismo, discriminación y prejuicio.

“Prejuicio es un sentimiento irracional de disgusto hacia una persona o grupo de personas, usualmente basado en (algún) estereotipo. Prácticamente todos sentimos algún tipo de prejuicio, bien por un grupo étnico o religioso, por un tipo de persona como las rubias (blondes), los gordos o los altos. Lo importante es que les disgustan. En pocas palabras, el prejuicio es un sentimiento, una creencia. Puede que tengas prejuicios, pero ser al mismo tiempo una persona justa, si eres lo suficientemente precavido para no actuar sobre tu disgusto irracional.

Se presenta la discriminación en el preciso momento en que una persona actúa en base a un prejuicio. Esto describe esos momentos en que un individuo decide no darle a un aspirante un puesto laboral porque, por ejemplo, su raza o su orientación religiosa. También ocurre por apariencia en el mundo laboral (hay muchas mujeres que pierden la oportunidad porque son resultan “poco atractivas”). Se puede discriminar, individualmente, en contra de alguna persona o grupo, si estas en una posición de poder sobre la persona a quien quieres discriminar. Los blancos pueden discriminar contra los negros y a su vez, los negros pueden discriminar contra los blancos si por ejemplo, uno es el entrevistador y el otro el entrevistado.

Racismo, no obstante, describe un patrón de discriminación que ha sido “normalizado” entre toda una cultura. Se basa en un pensamiento ideológico, en donde una “raza” es –por alguna razón– mejor que otra “raza”. En este caso no es una persona cometiendo el acto de discriminar, sino una población entera operando dentro de una estructura social que realmente le hace difícil a una persona evitar discriminar. “

Para el caso de Estados Unidos, el autor ha hecho explícito dos casos en donde la discriminación se da descaradamente. Uno de ellos tiene que ver con la proporción de negros que viven en el país, frente a la cantidad de ellos que carezcan de asistencia en salud, se encuentran desempleadas o bajo reclusión en prisión. Estos medidores demuestran como los negros aun viven una realidad desigual. Situaciones como estas no se dan únicamente por la conducta de los mismos, sino que el sistema se encuentra institucionalizado a favor de los blancos; quienes tienen el poder y los candidatos electos necesarios para llevar a cabo una práctica conocida como red-lining, por poner un ejemplo.

En Estados Unidos, las limitaciones de votación son divididas según la decisión tomada por alcaldes distritales y gobernadores estatales (posiciones de poder disfrutadas usualmente por blancos). El red-lining consiste en dividir un barrio (en donde predominan los negros, por ejemplo) para que los sufragantes tengan que ir a votar para distintas administraciones. Esto con el propósito de que el candidato que representa a la comunidad que habita en dicho barrio, se le disminuyan sustancialmente sus probabilidades de quedar electo.

Antes de matizar en la característica contraproducente que conlleva el uso del término “racismo inverso” y la razón por la cual la ultra derecha en Estados Unidos la ha creado, debo compartir una anécdota que viví durante los primeros años de mi vida en el estadio de fútbol de mi ciudad natal. En una oportunidad que un jugador de piel morena tuvo la bola y la perdió, escuché a alguien de la tribuna gritar, “¡tenía que ser negro!” Después de ese incidente no logré concebir el motivo de tal afirmación, preguntándome, “¿cómo así que tenía ser negro?”. No encontraba la razón. Lo peor y quizás lo más triste de todo, es que años más tarde, terminé por caer en la misma irracionalidad sociocultural.

Volviendo al vocablo “racismo inverso” y al caso de Estados Unidos. Hay que dejar claro que las comunidades blancas que han empezado a propagar el uso de esta expresión, lo hacen únicamente porque el alcance de sus privilegios han perdido terreno, más no porque hayan perdido algún derecho. Precisamente lo que se les concedió a los negros, en términos políticos, tan solo desde la Proclamación de Emancipación y posteriormente del Civil Rights Act de 1957; que enfatizaba en el derecho al voto. Lo que demuestra claramente como son situaciones opuestas, que no entrarían en una misma escala de comparación.

Los ejemplos mencionados anteriormente tan solo son unos pocos de una enorme cantidad que existen contra distintos grupos que se encuentran marginalizados en Estados Unidos. También se presentan ejemplos similares o peores contra las mujeres, los hispanos, indígenas, los de apariencia árabe, entre otras comunidades. Es importante que todas las personas que sientan la equivocación que es usar el término “racismo inverso”, deben compartirlo con los demócratas o liberales, que también lo usan y sin darse cuenta, logran aumentar el pie de fuerza de la ultra derecha.

Anexo

Por qué no existe tal cosa como “racismo inverso”

Tim Wise ha escrito recientemente un gran diario sobre el racismo de ala derecha. Como de costumbre, unos individuos empezaron a reclamar que los blancos, también pueden ser víctimas de racismo. Aunque creí del artículo que la imposibilidad de tal argumento era evidente, es un punto difícil de superar.
Por coincidencia, un ex estudiante del curso me escribió anoche y me pregunto que le recordara al respecto de la imposibilidad del llamado “racismo inverso”; ella se encuentra haciendo una Maestría en Artes y se encontró en una discusión cadente con algunos de sus compañeros.

En cualquier discusión de racismo y su presunta calificación “inversa”, es crucial partir por la definición de prejuicio y discriminación, para poder establecer la base para el entendimiento del racismo en su contexto. Hay una razón para la existencia de estos términos, al igual que una buena justificación para no mezclarlos, como demostraré a continuación.

Prejuicio es un sentimiento irracional de disgusto hacia una persona o grupo de personas, usualmente basado en (algún) estereotipo. Prácticamente todos sentimos algún tipo de prejuicio, bien por un grupo étnico o religioso, por un tipo de persona como las rubias (blondes), los gordos o los altos. Lo importante es que les disgustan. En pocas palabras, el prejuicio es un sentimiento, una creencia. Puede que tengas prejuicios, pero ser al mismo tiempo una persona justa, si eres lo suficientemente precavido para no actuar sobre tu disgusto irracional.

Se presenta la discriminación en el preciso momento en que una persona actúa en base a un prejuicio. Esto describe esos momentos en que un individuo decide no darle a un aspirante un puesto laboral porque, por ejemplo, su raza o su orientación religiosa. También ocurre por apariencia; en el mundo laboral, hay muchas mujeres que pierden la oportunidad porque son resultan “poco atractivas”. Se puede discriminar, individualmente, en contra de alguna persona o grupo, si estas en una posición de poder sobre la persona a quien quieres discriminar. Los blancos pueden discriminar contra los negros y a su vez, los negros pueden discriminar contra los blancos si por ejemplo, uno es el entrevistador y el otro el entrevistado.

Racismo, no obstante, describe un patrón de discriminación que ha sido “normalizado” entre toda una cultura. Se basa en un pensamiento ideológico, en donde una “raza” es –por alguna razón– mejor que otra “raza”. En este caso no es una persona cometiendo el acto de discriminar, sino una población entera operando dentro de una estructura social que realmente le hace difícil a una persona evitar discriminar.

Un claro ejemplo se da en las culturas donde se manejan esclavos: personas que nacen dentro de una sociedad donde una persona es “naturalmente” un maestro y la otra persona es “naturalmente” esclavo (en muchas ocasiones ni es considerado persona, sino una bestia de carga). En una cultura como tal, la discriminación es construida dentro del ámbito social, económico y político. Los individuos –incluso aquellos “libres” – tienen ninguna otra opción frente a discriminar o no, debido a que así no crean en la esclavitud, interactúan a diario con esclavos, reglas y leyes que mantienen a los esclavos atados a un mismo destino.

En una sociedad racista, se requiere de un acto especial de coraje y buena voluntad para hacerse sujeto de escándalo o peligro para dar un paso al costado y separarse del sistema, para convertirse en abolicionista. La existencia de la esclavitud no es “culpa” de cada miembro de la clase maestra y algunos quisieran que dejase de existir, pero la realidad es que cada uno de ellos se beneficia por cada labor impagada en cada nivel de la sociedad, porque simplemente no pueden evitar consumir de los productos creados por los esclavos o beneficiarse por la explotación laboral de los mismos. A menos que algunos miembros de la clase maestra se eleven y se opongan al sistema e intenten derrocarlo (estos serían abolicionistas), ellos van a ser cómplices dentro del sistema de esclavitud: incluso los abolicionistas se favorecerán –en contra su voluntad–pero ellos aun tendrán que vestir atuendos y usar otros productos que el sistema ha producido.

La situación anterior es el extremo, que he usado como ejemplo, para hacer más fácil ver las confusas y complejas situaciones en que funcionamos hoy. A pesar de la libertad otorgada a los esclavos desde la Proclamación de Emancipación y que la Enmienda 14 le dio a los afroamericanos el derecho al voto, las estructuras institucionales de racismo quedaron sin ser anuladas. Incluso después que paso la 14, los blancos todavía tenían el poder para impedir al negro que votara por instituir el impuesto al sufragio, la cláusula ancestral (grandfather clause) y la cláusula de “entendimiento” que requerían al negro recitar cualquier segmento de la Constitución, que el registrador quería que recitaran. En los 60’s, el Civil Right’s Voting Act fue aprobado, que tumbó aquellos obstáculos a la votación; pero los negros estadounidenses todavía no tenían el poder político en proporción a su presencia dentro de la población (sin embargo hay un Presidente negro).

Si se ilustran los grupos de votantes importantes, como los senadores y congresistas Estatales y Federales; los magistrados de las cortes supremas de justicia a nivel Federal y Estatal; la lista de los directores ejecutivos (Chief Executive Officer) de las principales corporaciones o cualquier otro organismo que ejerza un poder sustancial en los Estados Unidos, se podrán contar únicamente unas pocas caras negras (o ninguna en algunos casos). Del número de caras negras que cuenten, la mayoría no estarán representando la opinión de la mayoría de los negros en este país, sino el parecer de la mayoría blanca. Por otro lado, si se cuentan el número de negros en pobreza y en prisión o el número de personas desempleadas o que carezcan de asistencia en salud, obtendrán muchos más negros en estas categorías que su proporción frente a la sociedad entera.

A menos que quieras argumentar que los negros son “naturalmente” inferiores a los blancos (que es una evidente posición racista), debes admitir que hay algún mecanismo que limita la oportunidad de los negros. Ese mecanismo es al que se le llama “racismo”; la interacción social, política y económica gobierna los sistemas que todos discriminan, tanto abiertamente (delimitación racial, por ejemplo) como cubiertamente (esto es, los gobiernos de mayoría blanca rediseñando los limites de votación municipal con el único fin de separar las aéreas de mayor población política negra para que no tengan el poder electoral para elegir candidatos negros; o los bancos administrados por blancos que usan códigos postales como criterio para excluir personas que apliquen a préstamos, que por “coincidencia” terminan exluyendo a la mayoría negra del barrio en una ciudad: una práctica llamada delimitación roja [red-lining]). Se pudiese extender por horas acerca de esta variedad de mecanismos y estoy seguro que podrás pensar en muchos que discriminen contra negros, hispanos, de apariencia árabe, indios, etc.

De vuelta al “racismo inverso”. Resulta crucial mantener una distinción entre los tres términos mencionados anteriormente, porque de lo contrario los blancos tenderán a redefinir “discriminación” como “racismo”. Su argumento principal es que tanto los negros como los blancos pueden discriminarse el uno contra el otro, haciendo posible un “racismo inverso”, pero la verdad del asunto es que los negros: 1) tienen significativamente menos oportunidades para discriminar en contra los blancos que los blancos tienen para discriminar contra los negros; y 2) los negros carecen de un sistema de soporte institucionalizado que los proteja cuando discriminan contra los blancos.

Le tomo a la gente negra y blanca trabajar juntos durante cientos de años para obtener la instalación de programas como Affirmative Action en los Estados Unidos, pero solo basto a un blanco (Alan Bakke) y un caso en la Corte Suprema para hacer que esos programas se desmantelaran porque él sintió que no entro a una escuela de medicina debido a que era blanco.

“Racismo inverso” solo podría describir una sociedad en donde todas las reglas y roles estuviesen invertidas. Eso no ha ocurrido en los Estados Unidos. No obstante, muchos blancos con ideología de ala derecha quieren quejarse porque están siendo víctimas por los pocos puntos de igualdad que las minorías y las mujeres han logrado demandar. Los blancos que se quejan de “racismo inverso” están de hecho quejándose porque se les han negado sus privilegios, mas no porque se les hayan negado sus derechos. Ellos se sienten con el derecho a ser contratados y a no ser discriminados, aunque la norma es que los blancos discriminen a los negros. Si, en alguna instancia peculiar, algún empleado negro discrimina contra un aspirante blanco, eso no sería “inverso” de nada, sino simple discriminación. Debería ser condenado en principio, pero no es evidencia de algún programa sistemático mediante el cual los blancos están siendo privados de sus derechos.

La ala derecha ha popularizado el término “racismo inverso” porque sienten mucha rabia de haber puesto sus privilegios de blanco en riesgo. Cualquiera que use esa frase, sea de la ala derecha o no, apoya la causa de la misma. Es por esta razón que le digo a los demócratas y progresistas, a quienes escucho usando el termino, que no solo están equivocados, sino que están ayudando a sus oponentes.
Los argumentos mencionados anteriormente pueden ser aplicados a cualquier estructura institucionalizada de opresión, afectando a cualquier raza, grupo religioso o étnico y puede ser usada también para oponerse a las demandas de “sexismo inverso”.

Espero que esto sirva para esclarecer un poco las cosas.

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